
Otoño
Corre por toda la casa a los gritos mientras los hermanos guardan patines, dinosaurios en miniatura y paletas en una mochila. La mamá la reta porque no puede andar como loca a los gritos. Siente un alfiler en los talones pero sigue corriendo soñando con caer desmayada, más tarde la ambulancia, médicos altos en su viaje hacia la muerte.
El hermano mayor le pide que se calme, calmate dice en voz baja.
Están los cinco en el Falcón. Avanzan despacio por la avenida principal hasta llegar a la ruta. La mamá abre una revista y baja el vidrio haciendo fuerza, da con el punto exacto donde el aire relaja la vista pero no llega a despeinarla.
El papá prende un cigarrillo. Deja una mano en el volante y la otra afuera. Se lleva el cigarrillo a la boca, aspira y larga el humo contra la tarde.
La canasta entre las piernas de la mamá hace ruido. El termo de jugo debe estar chocando contra las galletitas surtidas y el agua del mate.
El hermano tiene una campera azul, de esas que son inflables y lo hacen ver como un astronauta a mitad del desierto. Los anteojos negros le quedan un poco grandes, pero a ella no le molesta que su hermano tenga anteojos grandes ni ojos chuecos. Va en el medio, cansada de tanto correr y gritar, le pega un codazo a su hermana. Le saca la lengua. Su hermana se queja mamá esta pendeja me esta molestando otra vez. La mamá reta a su hermana porque no se puede decir pendeja.
A ella la van a dejar en el medio de la ruta mientras patinan en el aeropuerto.
El hermano mayor le pide que se calme, calmate dice en voz baja.
Están los cinco en el Falcón. Avanzan despacio por la avenida principal hasta llegar a la ruta. La mamá abre una revista y baja el vidrio haciendo fuerza, da con el punto exacto donde el aire relaja la vista pero no llega a despeinarla.
El papá prende un cigarrillo. Deja una mano en el volante y la otra afuera. Se lleva el cigarrillo a la boca, aspira y larga el humo contra la tarde.
La canasta entre las piernas de la mamá hace ruido. El termo de jugo debe estar chocando contra las galletitas surtidas y el agua del mate.
El hermano tiene una campera azul, de esas que son inflables y lo hacen ver como un astronauta a mitad del desierto. Los anteojos negros le quedan un poco grandes, pero a ella no le molesta que su hermano tenga anteojos grandes ni ojos chuecos. Va en el medio, cansada de tanto correr y gritar, le pega un codazo a su hermana. Le saca la lengua. Su hermana se queja mamá esta pendeja me esta molestando otra vez. La mamá reta a su hermana porque no se puede decir pendeja.
A ella la van a dejar en el medio de la ruta mientras patinan en el aeropuerto.
8 comentarios:
Uhu! Final de película o de comienzo de libro (Palaniuk y F. Wallace, ambos empezaron una de sus largas historias con un niño abandonado en la ruta)
Me dan ganas de seguir leyendo!
Me gusta.
un abrazo
Te comenté también entradas anteriores.
Me encantan tus poemas cortitos.
son un bouquet.
abrazo bonita!
Pablo. Quiero leer eso.
Gracias Mariela!
Abrazo para vos:)
Asi quedo. Se imprime.
Asi quedo. Se imprime.
Vos decis Guillermo??
Falta hacha, falta.
Publicar un comentario en la entrada