Cactus

Ese día Mauro Gallegos se enteró dos cosas. Su cuento Strogos había ganado el primer puesto del certamen literario de la municipalidad de General Pico para menores de catorce años. Lo segundo era que el perro de su tía había tenido un accidente. La felicidad del primer puesto y la cara del perro estaban adentro de Mauro como una calcomanía.
Ganó dos pasajes ida y vuelta a Buenos Aires. La tía lloraba por el teléfono que Mauro tenía agarrado con la mano izquierda y de a ratos alejaba. Bueno tía, te paso con mamá. Su mamá movía la boca pero Mauro no entendía una palabra.
¿Estás contento con el viaje? Le preguntaron después de cenar un pollo que habían comprado en la rotisería de la esquina. El viernes, después del visitar al perro, la mamá de Mauro armó un bolso con ropa, toallas de mano y la máquina de fotos. También puso galletitas, saquitos de té y pan. A la noche subieron al colectivo.
Es el planeta Strogos año 2165. Una especie llamada Strogos atacó la tierra. ¿Buscando qué? Nadie lo sabe. La teoría más factible es que buscaban formas biológicas ya que ellos eran de carne, hueso y metal. No podían reproducirse. Así que lo que hicieron fue tomar los organismos, cortarles sus extremidades y reemplazarlos por partes metálicas. Luego insertaron la armadura, hidrogeno y un arma en lugar de mano.
Cuando llegaron fueron a Plaza de Mayo. La mamá sacó fotos de Mauro al lado de la fuente, Mauro en la Casa Rosada, Mauro rodeado de palomas. Comieron las galletitas que habían llevado. La mamá tomó una pastilla blanca. Sigo con acidez, dijo. Pasaron caminando por el Tortoni y Mauro preguntó si podían entrar. Él pidió un café con leche con dos medialunas y ella agua de la canilla. Las bocas y las manos de la gente se movían pero Mauro no entendía una palabra. Adentro tenía la cara del perro y un colectivo lleno de humo. La mamá miraba su café como si se le hubiera perdido algo adentro de la taza. Sacó una servilleta de papel, la dobló en cuatro partes y le rompió las puntas para hacer una montaña de migas.
Salieron del Tortoni y fueron a la terminal. En el colectivo tomaron té y Mauro leyó otra vez el cuento. Su mamá roncaba con las manos apoyadas entre las piernas. 

1 comentarios:

Jóse dijo...

mirá que sos grosa maría gurruchaga!